Lo dicho, compinches. Mi novela "El hombre bicéfalo" ya está disponible en Amazon y en la página de leer-e. Os dejo un enlace que lleva directamente a la novela. http://www.leer-e.es/ebooks/el-hombre-biccfalo
El precio es muy asequible, sólo 3,99 euros. Podéis leer el primer capítulo de la novela en este mismo blog.
domingo, 30 de junio de 2013
sábado, 23 de febrero de 2013
Primer capítulo
No soy normal, doctor. Ya sé que usted ha visto
prácticamente de todo en su consulta, o en el manicomio donde pasa la mayor
parte del día. Me puedo imaginar miles de casos extraños, gente que no sabe en
qué mundo ni en qué año vive, o que ve cosas que no existen, gente que babea,
que dice cosas sin sentido, que se pasa todo el día gritando, qué sé yo…Pero mi
caso es completamente anómalo, se lo aseguro. No es una frase hecha, no. Muchos
pacientes le dicen que ellos son diferentes, que su caso es especial y único,
pero conmigo eso es completamente cierto. Y no porque yo quiera ser único. Desearía
ser exactamente igual que la mayoría de la gente, pero no lo soy.
No me diga que todos somos
diferentes, doctor, eso ya lo he oído muchas veces, demasiadas. Desde que tengo
uso de razón intentan consolarme diciendo que todo el mundo tienes sus rarezas,
sus particularidades, sus manías, pero no se trata de eso, qué va… No estoy
enfermo, pero no soy una persona sana. Si únicamente se tratara de ser zurdo o
de ser celíaco, de ser pelirrojo o poder mover las orejas, si fuera algo
inocente y cándido… Pero no es así….
¡Mire lo que tengo en la frente! ¿No
sabe lo que es? ¿O no se atreve a decírmelo? Espere que me eche el flequillo
para atrás…¡Venga, dígalo! ¡Es inconfundible! ¡No me diga que no lo sabe! ¡Sí,
ha acertado! Es un pene. Tengo un pene en la cabeza, en el borde superior de la
frente. ¿Que cómo me lo he puesto ahí? ¿Cree usted que es de mentira? ¡Tóquelo!
¿No se atreve? Está bien, se lo mostraré tal cual es. Mire…es un pene como el
que tengo entre mis piernas, como el que cualquier hombre usa para orinar y
para copular. Mide unos doce centímetros cuando está en reposo, unos veinte
cuando se pone erecto, su glande es de color púrpura y el prepucio lo cubre por
entero cuando no está duro. Despide el mismo olor marino que cualquier pene, y
tengo la misma sensibilidad en este miembro que en el otro. El cuerpo cavernoso
y las venas son perfectamente normales, como las de cualquier miembro viril, y
cuando me excito se llena de sangre y se pone tieso. Es exactamente igual que
el pene de cualquier otra persona, y, excepto mear, hace lo mismo que cualquier
otro pene. De hecho, he utilizado este pene mío, extraño y grotesco, mucho más que otros el suyo.
¡No ponga esa cara! ¡Es un pene, un
carajo, una polla! ¡Para eso sirve, para ponerse duro como una piedra, penetrar
a las mujeres y mear sin tener que sentarse!
Perdóneme, doctor. No quería ser
grosero, pero está claro qué es lo que tengo en la frente. No soporto las
miradas hipócritas, que no se atrevan a decirme que tengo lo que tengo, que lo
camuflen y traten de disimular cuando me ven la verga en la cabeza. No lo toque
si no quiere, lo entiendo perfectamente. No me iba a excitar, si eso es lo que
usted temía, no quiero que se sienta usted incómodo.
Es grotesco, lo sé. Soy un
unicornio, un ser extraño y mítico, un hombre bicéfalo. Sí, me ha oído bien. No
sé si existe un término médico para definirme, algo así como un hombre
bisexuado, o bigenital, o biglanderiano. Creo que no ha habido otro caso en
toda la historia, así que me puedo definir como me venga en gana, no tengo que
atenerme a ninguna tradición ni ajustarme a una definición previa. Me gusta el
adjetivo bicéfalo porque eso es lo que siento: que tengo dos cabezas. Una
piensa y la otra se excita. Una razona y la otra se pone erecta. Una suda y la
otra eyacula. Tengo dos penes, pero es como si tuviera dos cabezas. De hecho,
este pene mío está íntimamente conectado con mi cerebro, y me habla de vez en
cuando. Se llama Jeremías, y he mantenido largas conversaciones con él. Forma
parte de mí de una manera tan profunda que no me lo podría extirpar aunque
quisiera. Ya se lo explicaré más adelante, pero los médicos estudiaron mi caso
y me desaconsejaron una extracción mediante cirugía. El neurólogo me hizo una
resonancia magnética y me dijo que los nervios del pene se prolongaban hasta el
cerebelo. Si me extirpaban el pene, cabía la posibilidad que el encéfalo dejara
de funcionar correctamente, lo cual me afectaría todas las funciones vitales
básicas. Además, la base del pene está anclada en una zona del cerebro que
controla el habla. Si me lo extirpaban, podía quedarme mudo para siempre. Ya ve,
con un solo pene pero sin poder decir nada. Era demasiado arriesgado.
He tenido muchos traumas
relacionados con mi pene frontal. El cipote siempre ha sido un símbolo de
fuerza y valor, pero también de pecado. Hay multitud de refranes sobre las
vergas: “polla dura no cree en Dios”, “donde tengas la olla no metas la polla”,
etc… Y todos vienen a decir lo mismo: no se le puede hacer caso al pene porque
es mal consejero. Si un hombre le hace
caso a lo que tiene entre las piernas, acabará metido en problemas, o con una
hipoteca, dos niños y una esposa gorda, que viene a ser peor que tener
problemas. El pene no se hizo para pensar, sino para disfrutar con él, pero,
por desgracia, la perspectiva de obtener placer hace que no pienses. Y eso en
mi caso es más grave aún. Cuando mis dos miembros se ponen erectos –algo que
cada vez me pasa con menos frecuencia, por suerte– la sangre que riega el
cerebro se desvía hacia mi pene. No toda, pero sí una parte. Eso hace que a
veces me entre vértigo, o dolor de cabeza, o incluso acabe vomitando. El
cirujano del que ya le he hablado me dijo una vez que debía comer mucho hierro,
morcillas y carne, y beber mucha agua para que mi médula roja fabricara más
glóbulos rojos. Así tendría más sangre y los problemas derivados de la doble
erección serían menos frecuentes. Me
insistió en que debía aprender a controlar mis impulsos. ¡Como si un hombre con
dos penes pudiera controlarse!
Usted tiene que ayudarme, doctor.
Llevo días en este hospital y he pensado que me convendría hablar con
alguien como usted. No es que me guste
desnudar mi conciencia ante nadie, pero siento la necesidad de hacerlo, de
hablar de mí y de mi cosa, de ese apéndice brutal que tengo en la cabeza. Ya me
visité hace tiempo con una psicóloga que acabó enamorándose de mí…por eso
prefiero que sea un hombre el que me escuche.
Hace unos días que Jeremías me
tortura. Intento controlarlo, pero cada vez me cuesta más. Es como si todo el
control que he aprendido a ejercer sobre él comenzara a debilitarse. Deseo
volver a tener control absoluto sobre él, y me gustaría que dejara de hablarme,
o, por lo menos, que dejar de escucharlo.
Desde que estoy ingresado que Jeremías no para de hablarme de las
enfermeras, de decirme lo sensuales que son, los sexys que van vestidas o lo
mucho que se les trasparenta la ropa que llevan. Estoy ingresado con la pierna
escayolada y varias vértebras desviadas y el muy vicioso sólo piensa en
perseguir a las chicas del hospital.
Usted tiene que ayudarme a
controlarlo, para eso he venido. Durante la mayor parte de mi vida me las he
arreglado muy bien yo solo, pero quizá son cosas de la edad. No sé. La cuestión
es que he podido arreglármelas para soportar tener los dos penes erectos a la
vez, de lo contrario quizá no hubiera podido llevar la vida que he llevado.
En fin, ahora que ya nos conocemos,
doctor, dígame qué horas de visita tiene y les diré a las enfermeras que me
traigan hasta su consulta en la silla de ruedas. ¿Tengo que firmar algún papel?
¿Y las sesiones, me las cobrarán aparte o están incluidas en la Seguridad Social?
Bueno, si tengo alguna duda más preguntaré en recepción. Me han dicho que tengo
para un par se semanas. No sé cuántas sesiones podremos hacer, pero si la cosa
va bien podríamos alargarlas incluso después de que me den el alta. Bueno, ya
lo hablaremos… Hasta mañana, doctor.
Preparados, listos, ¿ya?
A los que ya me conocéis no os parecerá extraño que escriba una entrada para referirme a una de mis novelas, "El hombre bicéfalo", que dentro de poco aparecerá publicada en formato digital en la Editorial Leer-e, concretamente en el sello digital Ibuku
He dedicado varios años a la literatura de manera totalmente amateur, he enviado decenas de correos a agencias y editoriales y he recibido casi el mismo número de rechazos, pero por fin puedo decir que he conseguido dar un pasito en el camino hacia la realización de mi sueño. Hace cosa de dos años conseguí que Angela Reynolds me representase y ahora comienzan a caer los primeros frutos del árbol de mis ilusiones.
No sé en qué momento podré deciros que ya podeis comprar mi novela vía internet, pero será dentro de poco. Antes de que lo hagáis quiero presentaros mi pequeña creación.
"El hombre bicéfalo" es la historia de un hombre que tiene dos penes, uno de ellos en la frente. Es una sátira con altas dosis de erotismo y de crítica social, en la que intento no dejar títere con cabeza. La escribí en 2008, cuando el país todavía no había entrado de pleno en la crisis, por lo que ahora escribiría unas cuanta páginas más para englobar estos últimos años.
La novela es una deformación intencionada de los últimos treinta años de historia de este país, así como una crítica y una sátira de la condición masculina, hecha con mala leche y con la intención de que el lector no pare de reír con inteligencia desde la primera a la última línea.
Os avisaré cuando esté disponible para comprarla y os aseguro que por el módico precio de 3,99 euros pasaréis unas cuantas horas de lo más divertidas.
He dedicado varios años a la literatura de manera totalmente amateur, he enviado decenas de correos a agencias y editoriales y he recibido casi el mismo número de rechazos, pero por fin puedo decir que he conseguido dar un pasito en el camino hacia la realización de mi sueño. Hace cosa de dos años conseguí que Angela Reynolds me representase y ahora comienzan a caer los primeros frutos del árbol de mis ilusiones.
No sé en qué momento podré deciros que ya podeis comprar mi novela vía internet, pero será dentro de poco. Antes de que lo hagáis quiero presentaros mi pequeña creación.
"El hombre bicéfalo" es la historia de un hombre que tiene dos penes, uno de ellos en la frente. Es una sátira con altas dosis de erotismo y de crítica social, en la que intento no dejar títere con cabeza. La escribí en 2008, cuando el país todavía no había entrado de pleno en la crisis, por lo que ahora escribiría unas cuanta páginas más para englobar estos últimos años.
La novela es una deformación intencionada de los últimos treinta años de historia de este país, así como una crítica y una sátira de la condición masculina, hecha con mala leche y con la intención de que el lector no pare de reír con inteligencia desde la primera a la última línea.
Os avisaré cuando esté disponible para comprarla y os aseguro que por el módico precio de 3,99 euros pasaréis unas cuantas horas de lo más divertidas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)